70 AÑOS...
Se cumplen 70 años del comienzo de la Guerra Civil Española y aún continúan abiertos muchos frentes y muchas heridas.
Lo esperable es que con el paso del tiempo las aguas se hubieran calmado, pero todavía hoy este tema sigue creando polémica y dando lugar a debates que no esconden más que la no conciliación de las dos Españas que casi siempre han existido y, por desgracia, casi siempre existirán (o eso parece).
No voy a entrar a realizar ningún análisis del conflicto (tampoco tengo los conocimientos históricos suficientes para ello), sino que centraré este artículo en mi experiencia con respecto a esta guerra del 36.
Los primeros conocimientos son los de siempre: la alusión a la misma en las clases de Historia del colegio, el instituto o la Universidad. Luego, conforme vas creciendo, la lectura de obras literarias que reflejan este periodo de la Historia también contribuye a ampliar esos conocimientos (me encanta, desde que era una niña, la narrativa española de posguerra). Pero lo que nunca se olvida y de lo que se aprende más que de cualquier libro son los testimonios directos de las personas que, en un bando u otro, vivieron este desastre. Y, a mí, quien me habló de la guerra, fue mi abuela.
Siempre conocí, más o menos, algunas de sus anécdotas de oídas (las contaban a veces mis padres, mis tíos, etc.) y, aunque siempre fue un tema que me interesó mucho, nunca me atreví a preguntarle directamente a ella, pues era consciente de que recordar determinados episodios podía entristecerla bastante. Una tarde, poco antes de morir, a raíz de un simple comentario sobre otro asunto, surgió la conversación. Narró diversas anécdotas, todas ellas muestras de la barbarie que una guerra supone. Nunca olvidaré aquella tarde en la que me mostró su verdadera filosofía: ninguna guerra debe existir, ningún problema se soluciona con violencia.
En aquel momento comprendí su agobio cada vez que veía en la televisión imágenes de otras guerras, su temor cuando recibía la noticia de algún atentado terrorista de ETA ("por favor, que nunca se llegue a más", decía) y su aversión a cualquier discusión o manifestación violenta (aunque fuera el típico "pique" entre aficionados de equipos de fútbol contrarios). Así se empezaba...
Todo este pánico no era más que la consecuencia de haber vivido muy de cerca las venganzas personales que tantas vidas sesgaron en los primeros meses de la guerra; de haber conocido tanto desastre en una zona muy castigada como fue su Córdoba natal; de haber visto su casa destruida por los bombardeos y tener que vivir ocultos en un establo de vacas durante semanas, volviendo a las ruinas de su casa por las noches para recuperar lo que pudieran
; de haber visto cómo se llevaban a su padre un día y no conocer nunca más nada de su paradero (¿lo fusilaron?, ¿lo encarcelaron?, ¿cómo y cuándo murió?, ¿dónde lo enterraron?...). Esto es muy difícil de soportar: no saber dónde están los restos de familiares, saber que pueden estar en cualquier fosa común y no haber recibido digna sepultura en setenta años. Existen diversas opiniones sobre la labor que lleva a cabo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de investigación de los restos encontrados en fosas comunes, pero sólo si se ha sufrido esto en primera persona y sólo sabiendo que ahí, sin identidad, podría yacer algún ser querido tuyo, es como pueden comprenderse esas acciones.
En fin, nos queda recuerdo de la guerra en los medios de comunicación durante algún tiempo y creo que, desde una posición u otra, de la guerra hay que hablar. Se vea desde la perspectiva que se vea, este acontecimiento no deja de ser una catástrofe que asoló España durante tres años, en los que perdieron la vida demasiados seres humanos (de un bando u otro, ¿qué más da?) y que hundió al país en una terrible y prolongada miseria. Esto es lo que no hay que olvidar: las consecuencias (todas negativas) que lleva consigo un conflicto armado porque, desgraciadamente, en una guerra civil, de una manera u otra, casi todos son los vencidos.
Y es que "el pueblo que olvida su pasado está condenado a repetirlo" (y aquí todavía hay muchos que quieren olvidar y echar tierra sobre la memoria, como la echaron sobre los miles de fusilados).

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Remito a una canción de Ismael Serrano, cuya letra dejé aquí hace unos meses.

Al crear el blog y tener que elegir un nombre para el mismo, quería que este coincidiera un poco con mi personalidad. Busqué el significado de éste (Selma) y decía:
"Persona paciente, educada, le gusta estar en un ambiente de tranquilidad".
En definitiva, que era un nombre que me definía bastante bien y como podía elegir...
Por lo demás, me apasiona leer, oír música, conocer cosas nuevas, escuchar a los demás...

